Grabando

Después de algún tiempo ensayando todos juntos, hemos decidido empezar a tomar contacto con el tema de la grabación de las canciones aprovechando el equipo que Jaume se compró hace unos meses.

Tras algunos intentos para controlar el programa (buscar el metrónomo, insertarlo, buscar el tempo de la canción, etc.) y algunos intentos de grabación anteriores, ayer fue la primera grabación que se puede considerar útil.

El proceso de grabación no es fácil pues, aparte de que el sonido debe ser perfecto (todo al mismo volumen, ninguna nota mal puesta, etc.), uno debe mantener el ritmo constante durante toda la canción. Para ellos se utiliza el metrónomo… y es algo difícil.

En fin, ayer grabamos la línea de bajo de dos canciones: una, Silence, se puede considerar que está bien; la otra, Music, habrá que volverla a grabar, pero ya se tiene una base sobre la que se pueden apoyar todos los demás instrumentos y voces.

También grabamos la guitarra eléctrica de Silence, pero quizá se hagan cambios…

¡Os mantendremos informados!

La evolución de las canciones

Y es que, inevitablemente, las canciones evolucionan.

Desde que mi mente elabora la idea de una letra hasta que damos la canción por finalizada (y hablo sólo de las que escribo yo… Por cierto, ¿hay alguna acabada?), la letra y la música pasan por diferentes fases.

Al principio es sólo una idea, surgida de un sentimiento por algo vivido; puede que sea algo que vivo ahora, algún sentimiento profundo que guardo que pide ver la luz o bien algo (película, canción, libro e incluso videojuego) que desentierra en mí algún tipo de pasión que se me escapa por el razonamiento.

Luego intento expresar lo que pienso en palabras. Además, en un idioma no materno y (considero) poco dominado. ¿Por qué? Me suena mejor (influencias musicales) y me es más fácil para esconderme. El proceso no me suele costar mucho pues espero a tener inspiración antes de sentarme ante el cuaderno (siempre en mi habitación).

No pienso en ninguna melodía, ni siquiera en ningún ritmo. Pero lo que suelo pensar es cómo me gustaría que sonara: aquí más rápida, aquí más lenta, una subida de volumen, aquí debe acelerar, etc. O bien, esta canción al estilo de X (ponga aquí un grupo… Las influencias para otro día).

Luego enseño las letras a Jaume y a Berto y les ponen música, esuchan cómo surgió la idea de la letra, mis sugerencias de “estilo” y acaban sonando de alguna forma que, más o menos, nos gusta a los tres.

Con las últimas incorporaciones al grupo, Toni y Ximmy, las canciones han cambiado como de la noche al día. Tienen más fuerza, son más dinámicas y, al fin y al cabo, suenan más a una canción de verdad.

En ese momento, mi letra se convierte en canción. Deja de ser parte de mi mente para formar parte del grupo.

Y de ahí, a que pasen a significar algo para el que quiera escuchar hay sólo un paso.